Hace poco que asistí a un museo en el que se exhibían ordenadores antiguos de la época de los setenta, ochenta y noventa. Allí se podía ver el famoso Apple II que llevó a la fama a la compañía de la manzana mordida, el Comodore que a más de uno le traerá buenos recuerdos de la infancia, y demás joyas del pasado de la industria informática. Si nos paramos un momento y echamos la vista hacia atrás, parece mentira que en un lapso tan corto de tiempo haya avanzado tanto la tecnología. Y hemos llegado hasta un punto en el que somos dependientes de ella, y si falla nuestra productividad se ve comprometida totalmente.  
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